Mirarse al espejo cada día, es el mejor ejercicio que uno puede hacer para ver realmente como es. El espejo al igual que el algodón, nunca engaña.

Lunes, 31 Enero 2011

Lunes, 31 Enero 2011 07:24:09 GMT

No las excitamos.

Si algún hombre piensa, que simplemente por el hecho de ponerse desnudo delante de una mujer, ésta, se va a excitar fácilmente, se equivoca.

No queremos referirnos solo a los que su cuerpo los ha abandonado como a un naufrago en una isla, (en algunos casos, incluso, el envoltorio corporal ha huido despavorido), y en el que los kilos campan a sus anchas, como una salvaje manada de búfalos, desbocada por una pradera del viejo oeste americano.

También queremos mencionar, a los hombres que se encuentran en el lado contrario, esos de la figura tipo Mister Universo, sin un gramo de grasa, con una tableta tan marcada sobre el abdomen, que para sí la quisiera la fábrica Nestlé, como molde original para sus productos, y por si lo anteriormente dicho no fuese suficiente, también con unos brazos fuertes y esculpidos con sumo esfuerzo, dedicación obsesiva y disciplina de gladiador, en el gimnasio a base de pesas y más pesas.

Según un estudio realizado por la doctora Meredith Chivers de la Universidad de Toronto en Canadá, dice que en absoluto una mujer puede llegar a excitarse simplemente con ver a un hombre desnudo, y que el nivel de excitación que una hembra experimenta con un macho (en pelota picada ), es equiparable al que tiene la fémina en cuestión cuando observa un paisaje nevado desde la terraza de su casa (por poner un ejemplo).

Para completar el estudio y tirar más aún por el suelo los sueños de seducción del hombre, la señora (o señorita, no lo sabemos a ciencia cierta, pues no tenemos el placer de conocerla) Chivers, añade, que la cosa cambia drásticamente (¡OH sorpresa!), cuando una mujer ve a otra como Dios la trajo al mundo, es decir, como Eva, con o sin hojita tapa-vergüenzas, y esto al parecer sucede por que se dispara la presión sanguínea, vamos que a ella cuando ve a la otra, se le revoluciona la sangre, que sale disparada a todo trapo por las venas, alcanzando la misma intensidad que el chorro de agua lanzado por la manguera de un bombero.

Conclusión: ¡Ya no las excitamos! (al menos, como pensábamos). Y equivocadamente, creíamos que la competencia en cuanto a provocar excitación se refiere, era con el vecino de en frente, y ahora resulta que es con la vecina de al lado

¡A buen entendedor ……..!

Fran Álvarez.



En: La Vecina.
Permaenlace: No las excitamos.
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